La gestión de la decisión
Capacidad de deliberar correctamente sobre los medios para alcanzar un fin bueno. En el aula, no es cautela, es inteligencia situacional.
Se entrena cuando el estudiante debe gestionar su tiempo en un examen o elegir fuentes de investigación fiables.
El estudiante pausa y planifica antes de ejecutar una tarea compleja.
La gestión de la alteridad
La voluntad constante de dar a cada uno lo que le corresponde. Supera la empatía emocional para convertirse en equidad racional.
Se manifiesta en el trabajo colaborativo real (asumir la carga propia sin parasitar al grupo) y en la aceptación de la calificación objetiva como fruto del propio desempeño.
El alumno reclama derechos con respeto y cumple deberes sin supervisión externa.
La gestión de la adversidad
Firmeza en las dificultades y constancia en la búsqueda del bien. Es la resistencia contra el abandono intelectual.
Es la "resiliencia académica". Sostener la atención en textos complejos o persistir en la resolución de problemas lógico-matemáticos que no salen al primer intento.
El alumno tolera la frustración del error y reintenta sin caer en la queja automática.
La gestión del impulso
Moderación de la atracción de los placeres y procuración del equilibrio en el uso de los bienes creados.
Autocontrol digital, respeto de los turnos de habla y administración de la ansiedad pre-evaluativa.
El alumno es capaz de postergar la gratificación inmediata en pos de un objetivo académico superior.